SANTA BERNADETTE SOUBIROUS,

la vidente de Lourdes (I parte)

 

“Cuando  la emoción es demasiado  fuerte, recuerdo las palabras de Nuestro Señor:” Soy Yo, no tengáis  miedo”.  Mientras más pequeña me hago más crezco en el Corazón de Jesús.”

El matrimonio de Francisco y Luisa , molineros de escasos medios y fortuna, da como fruto el nacimiento de cuatro hijos. Marie-Bernard, “Bernadette”, es la mayor.  Nace el 7 de enero de 1844 en Lourdes, localidad enclavada en los Pirineos franceses.

Las deudas les obligan a albergarse en una reducida vivienda. Confían el cuidado de Bernadette a una familia de un pueblo vecino, que la utiliza para pastorear, sin paga, sus ovejas.  Pasaba muchas horas con el rebaño, tantas que me impedía el ir a ninguna clase ni asistir a la enseñanza del catecismo como los otros niños. Eso me causaba gran pena y me dolía mucho”.

Tiene dificultad para estudiar al  no saber leer.  Pone gran esfuerzo en comprender el sentido de todo lo que le rodea. En el campo, con el ganado, mira el cielo y habla con esa Virgen  que no pasado mucho tiempo se hace presente en su vida, vida que discurre en aceptación serena, inocencia, amabilidad, dulzura, sencillez y bondad.

Desea hacer la Primera Comunión.  Ve con tristeza como otros adolescentes se preparan y comulgan.  Pide a la familia que la tutela, volver a Lourdes para recibir las lecciones de catecismo.  El 28 de enero de aquel año 1858, con 14 años, regresa a su pueblo natal  con mucha ilusión por aprender todo lo del Señor y poder tomarle.  Deseo con todo mi corazón recibir la Santa Comunión.  Para ello pido la ayuda de la Virgen y por eso rezo a diario el Rosario. Sé que María me abre todas las puertas”.

El 11 de Febrero de 1858 es el día elegido para que el cielo se haga presente en la tierra.  En ese momento, la vida de Bernadette cambia para siempre, y en ese instante una fuente imparable de Gracia mana para toda la humanidad.

Acude con su hermana menor y una amiga a buscar leña seca cerca de una gruta muy bella que, sin embargo, el pueblo de Lourdes usa como basurero. Cruzan un pequeño arroyo. Viento impetuoso, ruido fuerte le obliga a levantar la cabeza. Las hojas de los árboles permanecen en quietud. Aquel aire poderoso se traslada a la gruta.  Al fondo una maravillosa aparición destaca.  Oí en ese pronto, sonar las campanas de la iglesia anunciando el Angelus.  Luz resplandeciente, sol dulce rodeaba a una Señora extraordinariamente guapa. Su traje era blanco, brillante, de un extraño tejido ajustado con una cinta azul al talle;  largo velo blanco hasta los pies envolvía su cuerpo.  Los pies descalzos parecían apoyarse en un rosal: Vi dos rosas muy brillantes encima de cada uno. Sus manos, juntas ante el pecho, oraban. Entre sus dedos un largo rosario blanco terminaba en una cruz que parecía de oro. Emanaba felicidad, paz, dulzura, majestad, bondad.  La frente era lisa y serena, ojos azules claros, labios suaves y mansos. Busqué mi rosario y quise defenderme, pero no pude mover la mano.  La Señora tomó la cruz del rosario, se santiguó, y me indicó que hiciera igual.  Vi como pasaba las cuentas y yo comencé a rezar con el mío.  Al terminar extendió su brazo hacia mí, sonrió y desapareció”.

Sus dos amigas no ven lo ocurrido.  Su madre no cree su relato.  Esa noche, mientras en familia todos rezan el rosario, Bernadette entre llantos de gozo exclama: “Oh  María sin pecado concebida, rogad por nosotros que acudimos a Ti”.

El 14 de febrero de 1858 pide permiso para volver a la gruta. Le dan agua bendita para que rocíe la posible aparición.  Va acompañada de gente del pueblo.  Comienzan a rezar el rosario.  De nuevo aparece la Virgen.  Bernadette le dice: “Si vienes de parte de Dios, acércate a nosotros”.  El agua bendita llega a los pies de la Virgen que se acerca con dulzura.

Todo Lourdes comenta lo sucedido entre admiración, respeto, burlas y desprecios.  Sus padres comienzan a creer.  Bernadette no ha mentido jamás y la naturalidad y pormenores de algo tan sobrenatural, les convence.

El 18 de febrero vuelve acompañada de dos mujeres después de oír misa al amanecer.  La joven caminaba muy rápido esa mañana, como si una fuerza muy extraña le empujase a la gruta”.  Allá  al fondo la Señora está presente.  Bernadette pasa un papel pidiéndole escriba lo que desee transmitir.  Lo que tengo que comunicarte no es necesario escribirlo. Házme únicamente el regalo de venir aquí durante quince días seguidos. Yo te prometo hacerte dichosa, no ciertamente en este mundo, sino en el otro”.

19 de febrero: Le acompañan sus padres y un centenar de personas.

20 de febrero: 500 personas con velas encendidas.

21 de febrero: Más de un millar llenan los alrededores. La Virgen pide: “Rogad por los pecadores”.

Las autoridades civiles y los médicos examinan a Bernadette: “Diagnóstico: No  presenta signo alguno de histeria, alucinación o escape de la realidad. Se trata de un hecho extraordinario, totalmente desconocido para la ciencia y la medicina”.

22 de febrero: La Virgen no se hace presente ese día.

23 de febrero: Diez mil personas acuden a la gruta.  Bernadette recibe un secreto que solo a ella concierne y una orden:  Y  ahora hija mía, ve a decir a los sacerdotes que, aquí, en este lugar, debe levantarse un Santuario y que a él debe venirse en procesión”.

24 de febrero: “Penitencia, penitencia, penitencia.  Rogarás por los pecadores.  Besarás la tierra por la conversión de los pecadores”.

25 de febrero: “Hija mía, quiero confiarte solamente para ti el último secreto; no lo revelerás a ninguna persona de este mundo. Y ahora ve a beber y lavarte los pies a la fuente, y prueba la hierba que hay allí”.

Bernadette no ve ninguna fuente. “No vayas hacia el torrente, ve a la fuente que está aquí”.  Busca la fuente cerca de la pared de roca. Mira a la Virgen. A una nueva señal se inclina y escarba la tierra. La tierra se humedece, y de profundidades desconocidas mana un agua virgen, pura, natural que llena el hueco y la gruta. Con su débil mano acaba de abrir el manantial de las curaciones y milagros más grandes que han conmovido a la humanidad.

25 de marzo: La Virgen revela definitivamente su identidad: “Yo soy la Inmaculada Concepción”.

16 de julio: Ultima aparición. La gruta está ahora cercada, vigilada y aislada por orden del  gobernador.

A partir de ahí, miles de sanaciones físicas y espirituales.  Las dos primeras en 1858: Barriette, el cantero, ciego desde hace doce años, recupera la vista tras pedir ser lavado con el agua.  Justino, el niño en coma profundo, vive al ser bañado en el pequeño estanque.

Como la gruta de Lourdes, alma que lees, alma que ésto escribe, Dios te ha creado bella. El orgullo, el egoísmo, te ha convertido en un lugar sucio, en un basurero.  Solo Dios, con su Gracia y Misericordia, con María como Preciosa Intercesora, lava, restaura, salva la perfección original.  Pide, pido, pidamos sin cansarnos ser salvados por esa bendita agua que del cielo mana a raudales para tí, para mí, para todos.

                     José Ramón González