¿SE PUEDE OFRECER MISAS POR LA SALVACIÓN DE QUIEN HAYA MUERTO FUERA DE LA IGLESIA?

 

A propósito de la muerte de un judío conocido nuestro, nos hemos planteado en nuestro grupo, si podíamos ofrecer misas por él. A algunos nos parecía que sí, puesto que el Vaticano II enseña que pueden salvarse quienes viven lo que sinceramente creen, ignorando sin culpa la necesidad de la fe en Jesucristo y la de entrar en su Iglesia para salvarse. Otros, en cambio, pensaban que, habiendo definido la Iglesia que fuera de ella no hay salvación, el que muera fuera de la Iglesia se condena, y por un condenado no se  puede rezar puesto que la condenación es eterna. No nos pusimos de acuerdo.

¿Qué piensa Vd. de esto?

M. R., Pozuelo

Pienso, con la Iglesia, que podemos rogar y, por lo mismo, ofrecer misas, por la salvación de todos los difuntos, incluso por la de aquellos que, viviendo públicamente en pecado, mueren sin dar muestras de arrepentimiento. Y digo que lo pienso con la Iglesia, porque en la Liturgia de la misma existen oraciones en las que se pide a Dios la salvación de todos los hombres. Y es que nadie, fuera de Dios, puede saber si quien comete una acción pecaminosa contrae realmente el pecado. Como tampoco puede nadie saber si quien parece morir obstinado en su pecado ha perseverado en esa obstinación hasta el último instante de su vida, o ha salido antes de ella. El juicio de las conciencias queda reservado a Dios. Por eso el Papa Juan Pablo II pudo decir, en una de sus catequesis de los miércoles, que nadie puede saber, sin una revelación particular, si hay algún hombre en el infierno y quién.

Fíjate que esto va más lejos de lo que opinábais los primeros del grupo. Es verdad que no se puede pedir a Dios la salvación de un condenado, como decían con toda razón los segundos. Sería un verdadero pecado rogar por la salvación de un demonio. –Hablo de demonios, porque son las únicas personas de las que sabemos con certeza que están condenadas, y la condenación es eterna. Todo eso es verdad, pero teníais razón los primeros, no sólo, como digo, por el motivo que alegabais, que sería válido sólo para las personas que viven fuera de la Iglesia, sino por el que os he dado, válido para todo pecador.

Pero entonces, podrían preguntarme los segundos, ¿qué valor tiene eso de que “fuera de la Iglesia no hay salvación”? 

Para responder, me permito citarme en algo que escribí hace años 1:

“Cuando la Iglesia enseña, desde sus orígenes, que fuera de ella no hay salvación, quiere decir lo siguiente:

“Ella es, por voluntad de Cristo, su Fundador, la continuadora de su misión salvadora. Como Cuerpo místico de Cristo, es inseparable de Él, su Cabeza. A ella ha confiado el mismo Cristo todo el tesoro de gracia y salvación merecido con su pasión, muerte y resurrección redentoras. Ahora bien, nadie puede salvarse sin esa gracia merecida por Cristo y confiada a la Iglesia para su administración. En este sentido, nadie se salva fuera, es decir, independientemente, de la Iglesia. Quien se salve se salvará en virtud de la gracia de Cristo que la Iglesia, en su nombre, comunica.

“Pero, ¿no es indispensable estar bautizado y tener la fe de la Iglesia para salvarse? Sí, de derecho. Pero no necesariamente de hecho. Me explico. Normalmente esa es la condición para recibir la gracia de Jesucristo: conocerle, creer en Él, aceptar a la Iglesia, como a la sociedad religiosa por Él fundada para que haga llegar la salvación a todos los hombres, entrar en ella recibiendo el bautismo, vivir en la misma de conformidad con su fe y su moral. Quien, conociendo a Jesucristo, estando persuadido de que es razonable creer en Él, como Hijo de Dios y Salvador de los hombres, y sabiendo que la Iglesia ha sido fundada por Él como sacramento universal de salvación, no cree en Él, ni entra en la Iglesia, no puede salvarse.

“Pero, de hecho, muchas personas no han  oído nunca hablar de Jesucristo, ni saben nada de la Iglesia, mucho menos que sea necesario pertenecer a la misma para agradar a Dios y gozar de Él por la eternidad. Se puede pensar que, entre estas personas, no pocas procurarán vivir conforme a lo que sinceramente crean necesario para realizarse como hombres. Estas personas, gracias a su buena voluntad y, sobre todo, a que Dios quiere seriamente la salvación de todos los humanos -«El quiere que todos los hombres se salven y conozcan la verdad»- [1Tim 2, 4] , recibirán la gracia merecida por Jesucristo y administrada por la Iglesia y, por consiguiente, se podrán salvar, sin hacer parte de la misma visiblemente y en el pleno sentido de la palabra. Pero no se salvarán sin la Iglesia, fuera, independientemente de ella, ya que la gracia que reciban y los salve es gracia de Cristo y de su Cuerpo, la Iglesia.”

Supongo que con esto queda clara la cuestión y que podréis poneros de acuerdo los dos “bandos” del grupo.

J. Mª. F-C.

1  José Mª Fernández-Cueto, CPCR, “Católico, ¿por qué?”, Apostolado Mariano, 1996, pp. 222-224.