Libertad
o libertinaje
¿Se
quiere más a los hijos por darles más cosas materiales, más dinero, más
libertad? ¿Es bueno dejarles sin control, no querer saber de su vida, no hacer
caso a las situaciones límite que nos advierten cuantos los tratan con
frecuencia? ¿A costa de qué dignidad daremos todo por válido?
De ahí
vienen los profesores maltratados, la violencia con los compañeros... En mi
misma ciudad se han dado casos de destrozos materiales en las aulas, de
amenazas al profesorado. El otro día, un profesor que lleva su niña a la clase
de mi pequeño contaba lo maniatado e impotente que se encuentra ante la mayoría
de los padres. ¡Cómo reaccionan!
Otros, no
contentos con amenazar a los profesores, los denuncian ante sus padres que los
secundan —así se manifiesta de quién han aprendido esa violencia...—
¡Qué
razón tenemos cuando decimos que también los padres necesitamos educarnos, o
mejor, reeducarnos para escoger el ánimo adecuado para el bien nuestro y el de
nuestros hijos!
¿Queremos
que nuestros hijos tengan verdadera libertad, elección libre y responsable
hacia uno mismo y hacia los otros? ¿Dejaremos que el libertinaje, el desenfreno
en la conducta, la falta de respeto hacia sí mismo y hacia los otros campeen
por nuestras casas, por nuestras escuelas, por nuestras ciudades?
Los
jóvenes tienen que ver ejemplos directos de valoración de las personas, sean
próximas o lejanas; de autodominio, de saber renunciar, por el bien común, a
gustos o actitudes egoístas y violentas.
«Con
frecuencia, las perspectivas sociales de orden material y el aspecto económico-social
prevalecen sobre los principios de la moralidad cristiana y hasta de la humana.
No basta, pues, con lamentarse: es necesario defender estos valores
fundamentales con tenacidad y firmeza» (Juan Pablo II, fiesta de la Sagrada Familia).
«No
ahorres a tu hijo la corrección» (Prov 22, 15). Nuestros jóvenes nos necesitan. No
escatimemos los medios.
De todo corazón.
Rosario