Gotas

 

De un modo todavía provisional,

y  que habrá que desarrollar

a lo largo de nuestro itinerario

de escucha de la Escritura,

se impone la respuesta:

la nueva proximidad del Reino de la que habla Jesús,

      y cuya proclamación es lo distintivo de su mensaje;

      esa proximidad del todo nueva reside en Él mismo.

(Benedicto XVI)

 

El mensaje de Jesús está centrado en el Reino;

            su vida y obra son la expresión del Reino.

Él es el Reino de Dios en nosotros y entre nosotros.

¿Nos extrañará que Jesús hable de la proximidad de ese Reino?

            Después que Juan Bautista fue apresado,

            Jesús empezó a proclamar en Galilea la Buena Nueva.

Y su inició fue así:

            Se ha cumplido el plazo y el Reino de Dios está cerca;

            convertíos y creed en la Bueno Nueva (Mc 1, 15).

Lo que significa que Dios ha entrado ya en la historia;

            es más, está dentro de ella de un modo totalmente nuevo

            como nunca antes.

¿Quién es ese Dios? Jesucristo.

¿Y cómo es ese Dios? Hombre como uno de nosotros.

¿Y como actúa ese Dios? Como Dios y como hombre.

            En Jesucristo, Dios mismo, no otro, está obrando personalmente

            en nuestro mundo, en los hombres y entre los hombres.

Es necesario conocer y reconocer esa actividad soberana de Dios

            «en nuestra propia casa» y «a favor nuestro».

Su soberanía es Presencia amorosa y misericordiosa,

            por tanto gozosa y verdaderamente renovadora,

            que guía y orienta el corazón humano que le acepta

            mediante la conversión a la fe.

La proximidad del Reino en tu corazón y en el mío

            y la consiguiente aceptación de la soberanía divina

            no es truculenta y terrorífica, aunque sí transformadora

            y por momentos crucificante,

            pues en Él (en Jesús) ahora es Dios quien actúa y reina,

            reina al modo divino, es decir, sin poder terrenal,

            a través del amor que llega «hasta el extremo « (Jn 13,1), hasta la cruz.

No es cristiano temer la proximidad del Reino de Dios

            que vino en Jesucristo, que viene y que vendrá.

 

P. Gregorio